Un brindis por la noticia
- Javier Mejía
- 11 de julio de 2022
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Por Javier Mejía
El reciente fin de semana, el escritor Juan Villoro publicó su colaboración semanal en el periódico Reforma titulada El Comprimido que dedicó a Gabriel García Márquez, “El Gabo”, con motivo de una exposición que se ofrece en el Museo de Arte Moderno, en pleno Bosque de Chapultepec de la ciudad de México.
El título obedece a que en 1951 Gabo hizo lo que nadie se atrevió hacer: el periódico más pequeño del mundo.
El cabezal era ese “El Comprimido” del que sólo imprimieron seis ediciones sui generis en los tiempos de revuelo político y social vividos y sufridos en tierras colombianas.
Tras de leer el artículo de Villoro y de invitar a que visiten la exposición, retomo uno de sus párrafos que, a su vez, me alientan a proseguir el presente escrito.
Asiduo lector de Garcia Marquez, quien fundió el Periodismo con la Literatura para crear, sin proponérselo, el realismo mágico, Villoro escribió: “Buen bailarín y cantante de vallenatos, el aprendiz de genio alternaba el periodismo con las juergas donde se conocen las exclusivas de la noche”.
Dicho párrafo me hizo recordar una experiencia vivida a principios de la década de los años 90, en el estado de Durango, donde acudimos a cubrir las elecciones que, a la postre, fue mi primer gran experiencia como enviado del periódico unomásuno, y que sin duda me aproximó al pleno disfrute del oficio periodístico.
— Qué pasó en ese entonces?
— Nos avisaron que cubriríamos la contienda electoral. Sentí nervios y también el sentido de la responsabilidad para cumplir la encomienda. Fue la primera vez que me enviaban a semejante labor a poco a casi dos años de tener mi plaza de reportero. Recibí la conseja de varios experimentados colegas y nos alistamos — reportero y fotógrafo— a emprender la salida con los respectivos viáticos.
Parecía que las elecciones serían de puro trámite y que se impondría el candidato del PRI, Maximiliano Silerio Esparza frente a su principal opositor el panista Rodolfo El Negro Elizondo. Pero no fue así.
Llegamos en la tarde, un día antes de las votaciones, a la capital del estado. Nos instalamos, nos pusimos en contacto con el corresponsal y nos acreditamos ante las autoridades electorales, ubicamos los “cuartos de guerra” de los partidos contendientes, y empezamos a enviar la información previa al día “D”, sobretodo del ambiente preelectoral y declaraciones de autoridades electorales sobre la organización del proceso, así como de sectores sociales y económicos duranguenses.
Durante el día de las votaciones el ambiente era tenso y, conforme pasaban las horas, todo se volvía más incierto ya que los resultados no dibujaban un triunfo contundente del candidato tricolor como en esos tiempos era la “costumbre política”.
Pasaban las horas y las autoridades electorales seguían sin declarar a un triunfador aunque ambos contendientes acuñaban la clásica expresión de “las tendencias nos favorecen”.
En los salones de los hoteles, habilitados como salas de prensa, se convocaba a los reporteros. Ahí, los semblantes de candidatos y equipos de campaña no proyectaban certezas y todo quedaba en datos preliminares de encuestas de salida o de conteos rápidos.
Mientras que el diario no daba ningún ganador, si se consignaba la toma de la plaza pública frente a la sede de gobierno del estado por parte de simpatizantes del candidato panista. La protesta se prolongó durante varios días, lo cual era materia prima para el trabajo reporteril y fotográfico.
La plaza tomada por cientos de panistas y su candidato exigía el conteo de los votos, mientras que, cauta, la autoridad electoral esperaba a que fluyeran los datos electorales de las actas procedentes de zonas remotas de la entidad duranguense.
Cuando se dio el resultado oficial dando el triunfo al candidato priísta a la gubernatura, los ganadores creyeron que los simpatizantes de El Negro Elizondo se retirarían dejando libre la plaza pública, pero no fue así. No sólo se mantuvieron sino que radicalizaron la protesta con quemas de botargas y banderas con el logo del PRI.
Enardecidos, un grupo de simpatizantes tuvieron un altercado con un reportero enviado que estuvo a punto de ser agredido, cuando cuestionaba que mantuviesen el plantón a pesar de que las autoridades electorales ya habían dado un resultado. Quizá lo tomaron como una provocación, aunque varios parecía que habían ingerido alcohol.
Hubo empellones y se estuvo a punto de llegar a los golpes, cuando los demás reporteros formamos un cerco para proteger al colega. Entonces apareció el candidato Elizondo quien les pidió calma diciéndoles que la violencia no era el camino, pues de ser así los convocaría a irse a la sierra duranguense a tomar las armas.
Los ánimos bajaron de intensidad y nos retiramos. Todo quedó ahí.
Esa noche los reporteros y fotógrafos mandamos la información a nuestros respectivos diarios y, después de cenar, un grupo de reporteros acordamos reunirnos en la habitación de uno de los enviados.
Así fue, éramos como cinco o seis enviados, la mayoría de ellos con años de experiencia en la fuente política.
Y aquí viene la expresión de Villoro en alusión al Gabo, quien “alternaba el periodismo con las juergas donde se conocen las exclusivas de la noche”.
— Pero por qué dices eso?
— Pues porque todo esa noche hubo bromas, charla, anécdotas y reporteo vía telefónica. Recuerdo al compañero Armando Sepúlveda, reportero de Excélsior, quien recibía no sólo datos recientes de la elección, y los compartía, sino también la exclusiva: el presidente nacional del PAN, Héctor Alvarez, se regresaría a la ciudad de México en el vuelo nocturno — alrededor de las dos de la mañana—. En eso, Armando colgó el teléfono y nos dijo: “vámonos cabrones al aeropuerto, muévanle”.
Llegamos justo a tiempo y el más sorprendido fue don Héctor quien ante las preguntas y teniendo enfrente algunas grabadoras no tuvo más remedio que declaramos — muy nervioso— que reconocían la derrota de su candidato y que los simpatizantes se retirarían de la plaza de la explanada de gobierno. Todavía alcanzamos el cierre de la edición, ganando la nota en esa madrugada lo que sin duda constituyó una gran experiencia periodística.



