Araceli Brown, diputada en desgracia; se aferra al cargo y se dice inocente
- Javier Mejía
- 27 de septiembre de 2025
- Opinión
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Por Javier Mejía
Esta vez la diputada federal de Morena, Hilda Araceli Brown Figueredo, no estaba de humor para cantar ni para bailar, a pesar de que en la Ciudad Deportiva se escuchaba, a todo volumen, la música de uno de sus grupos favoritos: Los Tucanes de Tijuana.
Tampoco el animoso senador Armando Ayala logró motivarla para que se alegrara un poco y le siguiera la onda contorsionando el cuerpo al ritmo de La Chona, y dejó solo al legislador ensenadense que, a su estilo, siguió moviendo el esqueleto.
Pasó más de una hora de espera para que iniciara el evento de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en el recinto de la avenida Cuauhtémoc, en Mexicali, capital del estado de Baja California, donde el encargado del sonido puso música contagiosa para el bailon y la concurrencia respondió en las gradas, mientras que en la zona VIP de la élite política solo Ayala Robles empezó a «tirar polilla» frente a la ex alcaldesa de Rosarito.
Ni las canciones de «Juana la Cubana» de Fito Olivares y su Grupo o la de “Carmen se me perdió la cadenita” de la Sonora Dinamita, lograron motivar a la Brown a mover el cuerpo frente al ex alcalde ensenadense «bailador» que no deja de soñar con ser Gobernador de Baja California.
Es entendible que el ánimo de Hilda Araceli “ande por los suelos” después de las acusaciones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de que en su gobierno de cinco años como presidenta municipal de Playas de Rosarito –2019-2024– se dio entrada a presuntos delincuentes para hacer negocios turbios y extorsionar a empresarios. Su fotografía apareció en el «organigrama» junto a ex colaboradores y a posibles miembros de grupos delincuenciales.
Y es que la imagen se proyecta, entre otros factores, a través del estado de ánimo y, en el caso de las y los políticos, es fundamental para tener empatía con los gobernados y con los potenciales votantes.
Por lo pronto, hoy en día, Brown se mira abatida en su imagen, perdida en su ser y en su esencia políticas y con un desánimo que le impidió bailar y cantar como lo hizo aquel 20 de noviembre del año 2020 en su oficina del Palacio Municipal de Playas de Rosarito
Han pasado casi cinco años cuando en aquel día lo que era una audiencia con Alfredo González, “El Zurdo”, acordeonista del grupo de Los Tucanes de Tijuana para promover talento local, ese espacio público lo convirtió en comedor-cantina donde hubo música, comida, cerveza y tequila.
En ese entonces si reinaba el buen ánimo para cantar y para “pistear”, situación que se hizo pública por lo que la Alcaldesa tuvo que disculparse ante los y las rosaritenses. Ahora las circunstancias son otras, en la rueda de la fortuna de la política.
Si, porque los tiempos políticos suelen ser incontrolables y la Diosa Fortuna que se tuvo se transformó en infortunios, de un momento a otro, tal como le viene ocurriendo a Hilda Araceli Brown Figueredo, quien llamó la atención de la clase política y de la prensa en el evento de la gira presidencial.
Alrededor de las cuatro de la tarde llegó la diputada federal a la Ciudad Deportiva y, a paso veloz, se dirigió a la zona del VIP morenista, donde recibió algunos saludos y abrazos, sobretodo de sus compañeros legisladores, aunque ni la presidenta Sheinbaum, ni la militancia en el graderío la consideraron. Hubo una total indiferencia lo cual es un mal mensaje para cualquier politic@ que vive del apoyo y del reconocimiento públicos.
Por lo pronto, Hilda Araceli Brown Figueredo insiste en que es inocente ante las acusaciones del gobierno estadounidense y que no tiene porqué dejar el cargo de diputada federal que le confirió el voto popular. Que cuenta con el apoyo de Morena y que seguirá trabajando para sacar adelante las iniciativas de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La pregunta queda en el aire: vendrá un tiempo de sosiego y de reivindicación política o la diputada Brown difícilmente saldrá bien librada para evitar la tumba política.


