Un antes y un después en el mundillo de la hipocresía
- Javier Mejía
- 4 de abril de 2026
- Opinión
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Por Javier Mejía
Hace poco más de un año, Carlos Torres Torres era un gran compañero. Era una persona valiosa con vasta experiencia, un compañero de convicciones y vocación de servicio, que colaboraba con el gobierno de la Cuarta Transformación no por dinero, ni mucho menos para enriquecerse, sino que su valiosa contribución la hacía por el honor de servir a los pobres, es decir honoríficamente.
Así pensaba el entonces delegado federal Jesús Ruíz Uribe del ex esposo de la Gobernadora. Tal como lo publicó en sus redes sociales, el 7 de febrero del 2025. Habían pasado unos cuantos minutos de que el ex panista recibiera su credencial de afiliación como militante de Morena de manos de Rosina del Villar Casas, presidenta de Morena en Baja California, justamente en la sede del Partido-Movimiento.
Y si, El Chucho» como le dicen sus seguidor@s, fue el primer acomedido en felicitar al nuevo militante guinda. Este episodio forma parte de la historia política de Morena en la entidad. Ni como negarlo.
Aunque «Tres Doritos Después» (TDD)… todo cambió.
De tenerlo en un pedestal, el doctor en Derecho Constitucional degradó a Carlos Torres Torres poniéndolo como alguien de lo más ruin. Todo pasó de la Gloria al Infierno.
En rueda de prensa, celebrada el día jueves 2 de abril, el ex diputado local llegó sin «la camisa de fuerza», dispuesto a hablar porque Torres «ya no es esposo de la Gobernadora, ya está divorciado».
— Qué no te cae del ex esposo de la Gobernadora?, le pregunté
Y Ruiz Uribe me respondió:
— Él no es compañero. No me cae que… sé claramente de sus conductas antisociales que tuvo bajo el cobijo de las faldas de la Gobernadora, que hizo negocios que no debía bajo ese cobijo o influencia, engañandola a ella. Será que por eso se divorcio. No lo sé, no tengo idea…
Así las cosas de la política y del registro periodístico. Juzgue usted.


