«Tu y yo fuimos rivales”…
- mexicalinewsadmin
- 14 de junio de 2025
- Opinión
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Por Javier Mejía
No lo recordaba hasta que hace unos meses se encontró con Severiano, “El Seve”, quien se encargó de refrescarle la memoria. Su compañero de la Primaria le dijo, cincuenta y tres años después, que fueron rivales: Ambos se disputaron el amor de Liz.
Haberle recordado tal rivalidad le hizo reconocer, más de cinco décadas después, el porqué del trato áspero y distante que tenía con él ya que José nunca se percató que el corazón de su ex compañero también se aceleraba cada vez que ella aparecía.
Liz era toda seriedad, tenía una bella sonrisa y encantadora presencia. Era esbelta, apiñonada y de cabello castaño. Caminaba erguida cargando su mochila de cuero sin dejar de saludar pero sin ser muy “amiguera”. Seguramente ambos deseaban acompañarla a la salida de clases rumbo a su casa, y perderse por ahí. Para su mala fortuna de ambos, ella tomaba un camino diferente al suyo. Saliendo cruzaba la avenida del “desamor”, mientras que el par de enamorados se adentraban por el bosque para llegar a sus respectivos hogares.
Cuántas veces José hubiera querido caminar a su lado, tomados de la mano por los jardines pisando las hojas secas, mojarse con el agua de las fuentes rodeadas de esculturas de cabezas prehispánicas de piedra, como le hubiera gustado subirse a uno de los frondosos árboles donde a lo alto había una repisa de madera para contemplar todo el paisaje y ahí declararle el amor que sentía por ella.
También se imaginaba rodando desde la altura de los prados dando vueltas hasta terminar en un charco de agua que salía de las llaves dispersoras. Pero su camino era totalmente contrario y tampoco nunca, ninguno de los dos, se atrevió a invitarla a vivir esta aventura.
Alguna vez José la siguió para saber dónde vivía con el temor de que lo descubriera y ahí si no sabría qué decir pues a ella le podría haber resultado incómodo el ser una mujer espiada. Y así pasó el tiempo.
Lo cierto es que José nunca se atrevió a decirle que quería acompañarla a su casa o invitarla a caminar por el bosque o mucho menos declararle lo que sentía por ella.
De su rival, “El Seve “, que a ciencia cierta nunca lo vio como tal, pues tampoco le preguntó si él se había atrevido a decirle algo y, si hubiera sido el caso, es claro que lo rechazó porque nunca se supo en el salón que salieran o que fueran novios.
Las cosas nunca llegaron a más seguramente porque Liz no se sentía atraída por ninguno de los dos mocosos adolescentes. A final de cuentas ninguno logró su cometido. Igual de tímidos, desdichados ambos. Los dos se quedaron como el chinito “ nomás milando “. Tan tan.




